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Manos congeladas

Llevaba un par de días preocupado por el fin de semana ya que el pronóstico daba lluvia desde la mañana hasta la noche, complicándome muchísimo los planes de moto.

Inclusive entraba en distintas páginas buscando otras fuentes que me dijeran aquello que quería oír, pero nada, todas y cada una de ellas daban lluvia y frío.

Cualquier otra persona se hubiese quedado un par de días más en Tirana hasta que el clima mejorase. Cualquier otra persona sí, pero Mauricio no. Tengo un cohete en el culo que me hace lanzar hacia lo desconocido contra viento y marea, o mejor dicho en este caso contra lluvia y frío, mucho frío.

Y es que para evitar las detestables autopistas que me llevan desde Tirana hasta Shkodër tracé un camino que me haría subir bastantes metros para atravesar el abra de una montaña. Y esto en invierno pude significar temperaturas bajísimas.

De todas formas, hoy era mi último día de AirBnb en Tirana y sin posibilidad de extenderlo. Así que sí o sí tenía que armar la moto e irme para otro lado. Aunque sea a otro hotel en la misma ciudad.

Después de estar 20 minutos bajo el techo de la puerta del edificio, viendo cómo la lluvia aumentaba y disminuía a intervalos regulares, decidí encender la moto para calentar el motor y ponerme camino a Shkodër.

Y es que en realidad fueron 20 minutos de auto-engaño. En lo más profundo de mi ser sabía que aunque cayera un océano del cielo iba a salir igual.

Pues ahí estaba yo, después de llenar el tanque de nafta a base de señas con el empleado albano, me puse camino a la montaña.

No faltaron muchos kilómetros para alegrarme de la decisión tomada. Rápidamente aparecieron paisajes de picos nevados con pinos amarronados en su base, todo acompañado de un gran río que parecía comerse todo a su paso.

Mauricio Gelves con su moto camino a Shkodër (Albania)

Subí tanto que Pampero pisó nieve por primera vez. Bueno, aguanieve, la nieve estaba al costado pero de todas formas fue un bautismo invernal en toda regla.

Otro de los puntos que me preocupaba era si el abrigo que llevo era lo suficientemente abrigado para circular sin terminar «frizado» como Walt Disney.

Y después del día de hoy puedo decirles que va de maravillas. Desde el tobillo hasta el cuello no siento frío alguno. Lo que sí sufren son las manos, a pesar de llevar unos mega-guantes de invierno y especiales para moto, y también los pies, ya que las botitas, si bien son muy cómodas para hacer turismo, al ser bajas les entra agua por todos los rincones.

Otro punto donde sufro un poco es la zona del mentón y boca. Entra un vientecito incontrolable por el casco que congela hasta las ideas.

Así fue mi día de hoy, 150 kilómetros de cara, manos y patas congeladas, pero ¿y quién me quita lo bailado?

Mauricio Gelves en un puente de camino a Shkodër (Albania)

¿Cómo es posible que me lo siga pasando bien a pesar de este frío durante tantas horas?

No es la primera vez que me lo pregunto y tengo una teoría al respecto. Más bien dos teorías. Se las cuento y me dicen si puedo estar en lo cierto o no.

Teoría #1: Entre mis 8 y 11 años vivía en un pueblo en el centro de la provincia de Buenos Aires llamado «Sierra Chica» (famoso por tener una de las cárceles de máxima seguridad donde trabajaba mi padre) y una oportunidad vino a visitarnos mi abuelo «Miguel» (el padre de mi madre).

Mi técnica para saber cuántos años tenía en cada anécdota se basa básicamente en recordar en qué ciudad vivía, ya que cada 3, 4 o 5 años trasladaban a mi viejo y eso implicaba cambiarme de escuela, tratar de hacer nuevos amigos, donde fallé estrepitosamente en algunas oportunidades, y esos son recuerdos que quedan grabados a fuego.

En este pequeño pueblito, junto a mi abuelo, mi padre y otra gente random, salimos a la caza de «peludos». Un extraño animal de campo del cual desconozco ni me importa saber su verdadero nombre. Solo sabía que los cazaban para después comerlos «al escabeche», cosa que tampoco hice ni haré.

Por mi parte no tenía ninguna tarea asignada, simplemente caminar a través del campo y ver cómo ellos actuaban. Pero, oh casualidad, fue un día como el que cualquier cristiano de buena casa catalogaría «de mierda».

Un frío de cagarse, un día gris, cerrado, con lluvias que iban y venían, las manos petrificadas dentro de la campera hecha por mi madre y un par de zapatillas que por supuesto no estaban preparadas para ese tipo de travesía y que calaron cuanto agua se atravesó en mi camino.

Pero estaba en familia, con mi abuelo que había venido de visita y en un plan de súper aventura. Caminando en la amplitud de las sierras, siendo sigilosos para no espantar los bichos y saltando alambres de púa para continuar su búsqueda en el siguiente campo.

Me sentía un mini-Rambo. Y por supuesto que toda esa fantasía estaba muy por encima del frío que hizo ese día.

¿Será que el frío de hoy me lleva a ese lindo recuerdo con mi abuelo?

Teoría #2:

No sé qué amigo tenía mi viejo que laburaba en una cárcel de Mendoza que nos hacía la gauchada de darnos alojamiento si alguna vez queríamos ir para allá.

Mendoza es una provincia famosa por su viñedos, el paso a Chile, el hogar del Aconcagua (la montaña más alta del continente americano) y también por tener las mejores pistas de ski.

Una noche de sopetón, mi viejo arregló todo con dos llamadas de teléfono, cargamos algunos bártulos en el auto y nos fuimos para allá (entiéndase «allá» como 900 kilómetros de distancia… welcome to Argentina baby).

Para mí era un viaje cargado de aventura porque implicaba conocer la nieve por primera vez.

Basado en mi técnica anterior, vivíamos en Junín con lo cual tendría entre 16 y 18 años. Un pelotudón ya grandecito.

Todo lo que pasó antes y después de conocer la nieve realmente no lo recuerdo: ni el amigo mendocino de mi viejo, ni dónde dormimos el primer día ni qué comimos. El foco estaba en tocar la nieve, comerla, restregármela en la cara y hacer cuanta estupidez había visto en la tele a lo largo de toda mi vida.

Los preparativos incluyeron el alquiler de las cadenas para las ruedas del auto, lo cual le daba un aura más de aventura a las minis vacaciones. El Peugeot 306 dejaba de ser un simple Peugeot 306 para transformarse en un automóvil que podía, si el conductor así lo deseaba, moverse sin dificultad hasta en la superficie rocosa de Marte.

Y en el alquiler se incluyó también un trajecito especial de nieve bastante colorido para todos los integrantes de la familia y un par de culi-patines con un mango demasiado fálico para mi gusto. Los Simpsons eran un poroto al lado de la estampa familiar con esos atuendos multi-colores.

Mauricio Gelves con 16 años posando camino al Cerro Catedral en Mendoza (Argentina)

Nuestro primer intento fue ir a «Los Penitentes», la pista de ski más cercana a la ciudad Mendoza, pero después de varios kilómetros se cerró el tráfico por una tormenta de nieve que se avecinaba.

En mi mente no cabía la posibilidad de dar la vuelta, y menos aún si había tormenta de nieve. Ya soñaba con estar ahí, con los ojos cerrados para que no me lastimaran los copos de nieves volando a toda velocidad y corriendo de un lado para el otro. Pero no. Mi padre eligió (afortunadamente) velar por la seguridad de la familia y pegamos la vuelta.

Bueno, en realidad jugamos un rato en la banquina de la ruta antes de volver (y para amortizar el alquiler de los trajecitos de nieve), pero en mi interior la experiencia no estaba siendo del todo aventurera.

Mauricio Gelves con 16 años jugando con un culi-patín en Mendoza (Argentina)

No sé cómo hizo mi padre pero convenció a mi madre para que fuéramos otro día a «Las Leñas», otro centro de ski ubicado en la ciudad de San Rafael, desconozco los kilómetros de diferencia que hay entre uno y otro pero fue un viajecito hasta llegar allí.

El Peugeot con las cadenas puestas se hizo un huequito entre las grandes camionetas y las 4X4’s que estaban estacionadas en este centro de ski, tal vez el más caro y lujoso de todo el país.

Ahí estaban los Gelves y ahí sí que había nieve, al por mayor, la suficiente para hacer una Torre de Babel más alta que el propio Aconcagua.

Para mi desgracia, al cabo de unos pocos minutos se largó a llover y, muy a mi pesar, nos fuimos a la cafetería de la estación a tomar algo calentito para calentar el cuerpo.

Pero mi culo estaba inquietísimo viendo a través de los ventanales toda esa nieve sexy que me hacía guiños cómplices invitándome a jugar.

No sé cómo pero me dejaron salir. Pasé un buen buen rato bajo la lluvia disfrutando de la nieve: culipatineé hasta el hartazgo, corría y me zambullía de cabeza en la nieve virgen y hasta armé una bola gigante como esas que siempre había visto en la tele.

El trajecito colorido había perdido para ese entonces cualquier capacidad de repeler líquidos. La nieve, el agua, la transpiración y yo éramos un único ser amalgamado.

¿Tenía frío? No lo recuerdo. Lo que sí recuerdo fue lo bien que me lo pasé y el disgusto que le di a mi madre en cuanto me vio hecho sopa.

Tuvieron que comprarme ropa nueva ya que estaba empapado de pies a cabeza y supongo que la bromita les habrá salido un ojo de la cara.

¿Será que el frío que pasé hoy atravesando montañas perdidas de Albania me recuerda a esas vacaciones familiares y mi gloriosa primera vez con la nieve?

Puede ser.

Ahora ya estoy en una cafetería de Shkodër escribiendo esto, calentito después de una buena ducha y una taza de chocolate.

Mañana salgo rumbo a Podgorica, la capital de Montenegro y acabo de ver el pronóstico: dan lluvia.

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  1. Daniel Gelves

    El frío que me hiciste chupar para ir a buscarte en las Leñas, eras el único loco, en todo el complejo turístico, que estaba a la intemperie. Secamos las medias con la calefacción del vehículo y no te engripastes porque Dios es Grande. Fue un Domingo «Día del Padre».

  2. Hoy estaba inspirado amiga…
    Besote enorme Itchy Dizzy Itzy!

    • Raúl Antonio Segretin y Malin

      Hermosos paisajes te rodean y acompañan querido Mauricio, en tu ruta aventurera por Europa del este!!! Efectivamente tus dos teorías explican bien lo que estás viviendo y sintiendo en estos momentos que tanto te estimulan y te impulsan a ir siempre hacia adelante , pese al frío, la lluvia y la nieve. Que bueno es leerte Mauricio!!! Abrazo grande!!!Malin y Raúl (desde nuestro nuevo hogar en San Lorenzo del Escorial, hoy hace una semana).

    • Muchas gracias a ustedes por estar siempre ahí dando ese calido y sincero aliento.
      Besos enormes y quedo a la espera de que me manden fotos de la nueva casa (hasta tanto pueda ir a visitarlos!).

  3. José Manuel Simón

    Que divertido es leerte amigo Mauri. Abrazo grande desde el confort de mi chimenea.

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